Un blog sobre la importancia de que la sociedad asuma y defienda la Salud Mental como un derecho.
martes, 5 de junio de 2012
Soy un perrito Pug. 18, Regresamos a Lima
Trujillo, me atendió con gran cariño. La familia fue muy acogedora, pase unos días inolvidables a mis tres meses. Era el día de la partida. En la noche se habían despedido de nosotros todos los que no dormían en la casa. La tía paty y sus dos hijas, y los hijos del tío alberto. La chimbotana, ornella, se quedó para la despedida. Amaneció con sol. A pesar de ello, se sentía tristeza en el ambiente. Me levanté temprano y , como los otros días, la tía vicky me abrió la puerta del dormitorio para que pueda salir y la acompañe mientras preparaba el desayuno. Hoy no habían muchos en la mesa. Solo éramos los que partíamos. La mamá, había llamado todos los 10 días que estuve en trujillo. Ya nos volveríamos a ver pronto. En el auto solo iríamos cuatro. Los dos primos , el papá y yo. El hermano menor se fue antes, con gavy. Ellos habían contratado una casa en huanchaco y pasaron sus días en la playa. Comenzaron los abrazos y besos. Todos me cargaron y me besaron. Yo los besé y lamí con mucha pena. No me imaginé que era tan especial una despedida. Ni cuando salí de mi casa me sentí tan triste, pese a que dejaba a los mios. El carro arrancó y poco a poco fuimos alejándonos de las verdes paredes de esa casa que nos permitió tantos días de alegría y de compartir juntos el fin de año y el comienzo de uno nuevo. No me quejo de que no logré probar ninguna de las ricas comidas que hace la tía , pero escuché que ellos si se sintieron felices de comer lo que el Lima era una imitación, pero no algo real. El carro paró en el grifo, se llenó el tamque de gasolina y compraron agua , periódicos, y algunas golosinas, jugos para ellos. Yo tenía mis galletas, y con el agua era suficiente. No niego que me vino la misma sensación de temor que sentí cuando partí de Lima, pero hoy me sentía más seguro, no porque el papá era médico, aunque psiquiátra, si no porque ya tenía la experiencia y más de lo que sufrí , era imposible. En el asiento de atrás era más cómodo. Lo de siempre era el respirar. Tenía que poner mi cabeza cerca de la ventana algo abierta , para sentir el aire en mi cara, lo cual me daba seguridad de que estaba respirando bien. De rato en rato , el papá me daba agua y con un trapo húmedo refrescaba mi cabeza. Me eché , confiado en el asiento, puse mi cabeza en sus piernas y lograba dormir por momentos. El problema eran los grandes monstros que venían de Lima y pasaban trayendo viento , que movía al carro hacia un lado. Algún bache me despertaba. Me acordaba de trujillo. Los desayunos y la tía vicky sirviéndolos con toda paciencia. El almuerzo bullicioso, con sus potajes exquisitos que solo olía y veía pasar sin imaginarme como serían en mi boca y en mi estómago. No me quejo, comí mis granolas que ya me había acostumbrado . No me podía olvidar de josefima, una enorme perra, mucho más grande que mi madre, a la que solo pude ver detrás de las rejas de la puerta. Ello me salvó , seguro que me hubiera aplastado con esas enormes patas que movía con afán de darme cariños. Su boca era como unja cueva de un lobo que se cubrían con unos enormes dientes con los cuales me destrozaría, si me acercaba mucho. Los loros ,ya fueron un espectáculo que nunca pensé ver. Tanto Fátima, como paco-peco , decían cosas que yo no entendía, pero por la reacción de los primos, con sus risas y alegría demostraba que eran chistosas, muy graciosas. Realmente , la familia se divertía con ellos, pasaba momentos muy agradables. A la curruncha la vi solo una vez y me dio un poco menos de miedo que josefina, pero se mostró muy celosa, con su dueña. La tía , si que era muy amante de animales para consentirla tanto, bueno igual que a mi me consienten, todos. La mañana se fue agotando en la carretera y fuimos pasando por los pueblos que se iban quedando tras de nosotros, mientras la velocidad del carro devoraba los kilómetros. El primo manejaba bien. Claro que no era tranquilo el viaje , siempre el temor de lo imprevisto. El calor era fuerte, el sol lanzaba sus rayos, parecía que, especialmente sobre el carro negro que era como un lunar en la pista y se perdía a lo lejos. A las 4 de la tarde paramos, hicimos una curva y entramos a la ciudad de Barranca. Fuimos en busca de un restaurante , a la orilla de la playa, para comer un tacu-tacu especial. Ellos entraron confiados. A mi me amarraron en la pata de una silla en la que se sentó el hermano mayor, y saborearon el plano . Por sus expresiones fue muy bueno y ofrecieron regresar. La tarde se iba rápido y comenzamos a subir a la llamada variante, que era una carretera nueva, que llegaba casi a las nubes. Por otro lado iban los omnibus. Lo bueno es que ya era una doble vía, para los que iban y otra para los que venían. Eso daba más seguridad. Desde lo alto se veía ya la bahía del callao, los edificios y las pequeñas casitas de madera en la ladera de los cerros. No se como puede vivir la gente en esos lugares , tan precarios, tan lejos . Me dio mucha pena por los niños y también algunos perritos que veía caminaban por esos caminos empinados. Mi viaje esta vez fue tranquilo, dormí bastante, y el agua que me daba el papá me aliviaba. Mi respiración fue buena, por momentos me acercaba a la ventana, pero era totalmente normal. La ciudad se le vio llegar presurosa. Pasamos varios controles y tomamos las calles de la gran Lima , la ciudad en la que vivo y de allí fuimos al distrito de miraflores , donde me alojo. Tenía un conjunto de sentimientos encontrados al llegar a la casa. No estaba el grupo de truijllo, y no sabía si los volvería a ver más. Esos primos cambiarían con el tiempo y los vería grandes, tanto a ellas como a ellos, y ya no tendría recuerdo de sus años niños, cuando los vi por primera vez. Algunos vendrían a verme y recordaría lo que vivimos allá. La casa estaba sola. Esperaba que llegue mamá, y también espero que el próximo año volvamos a juntarnos todos ,
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