Un blog sobre la importancia de que la sociedad asuma y defienda la Salud Mental como un derecho.
viernes, 15 de junio de 2012
Yo soy un perrito ¨Pug. 20,La visita de la tía alicia
La vida diaria se ha vuelto una rutina para mi. Ya me acostumbré a quedarme solo por las mañanas. En esas horas aprovecho para descansar, aúnque no es fácil porque siempre han bulla de fuera porque algunos vecinos arreglan algo en sus departamentos. Yo he tomado la tarea de cuidar la casa y no puedo evitar salir a ladrar a la sala , ver por la ventana quien pasa y ladrarle para que sepan que estoy acá atento a lo que pasa. Escuché que hubo un robo en el primer piso y que llegaron al atrevimiento de subir hasta el segundo piso y llevarse una bicicleta. Es mi tarea instintiva de día y de noche. La buena suerte mía es que llegó una de las tías de trujillo. Todos los jueves llegaba por la mañana y se iba por las noches. Ella me hizo compañía por más de dos meses. Venía a participar en un curso sobre niños. La recibía temprano, y cuando papá y mamá se iban a su trabajo, me quedaba en su compañía. Como hago con todos los visitantes, les traigo mis juguetes y les pido que jueguen conmigo. Voy y vengo recogiendo una soga que ella tira lejos , entro de los cuartos y regreso con este objeto mostrando mis habilidades de saltar y correr presuroso. Luego ella tiene que leer sus libros y yo descanso a su lado en el mueble de la sala o al pie de su cama donde suele descansar un momento del largo viaje semanal. En oportunidades busco en su maleta lo que tiene y saco algún objeto para dárselo en sus manos. Ella se ríe ante mi atrevimiento, lo cierto es que soy bastante curioso y me gusta buscar en las maletas lo que esconden. Como suele irse a clase en la tarde ya avanzada, se despide de todos y ya no regresa hasta la semana siguiente, por lo que me deja triste, deseando verla nuevamente. La tía lleva fotos de los momentos que pasamos juntos y los muestra en trujillo a sus hermanas y sobrinos para que no se olviden de que yo existo y sepan que pronto regresaré a esa casa que extraño mucho , con todos sus visitantes de fin de año. La tía me ha gozado cargando zapatos y ropas que encuentro y luego paseo por la casa en busca de sus dueños. Ella se ríe viéndome como me atrevo a levantar su propia maleta y sacarla del cuarto hasta la sala para mostrarle que la dejó abierta y luego no me hagan responsable de que algo se pueda extraviar. Escucho que le cuenta a la tía, vicky , por teléfono , mis hazañas y ocurrencias , lo cual hacer reír mucho a la tía lejana que quisiera que pueda venir a verme, para compartir también momentos de alegría , como sucedió en su tierra norteña, primaveral que nunca olvidaré , a pesar de que la tía alicia dice que los perros no tenemos recuerdos lejanos. Como todo se acaba, sus viajes se terminaron y dejó de venir los jueves . No podía aceptar su ausencia y solía esperarla , las mañanas , cada semana , hasta que ya pude aceptar la realidad de que no estaría conmigo , por lo menos una vez a la semana alegrándome por lo menos esa mañana . Escuché, en el parque, que algunos propietarios de perros, le referían a la mamá que sus engreídos no se quedaban solos nunca. Los que lo hacían , eran encerrados en una habitación para que no vayan a romper muebles , como una expresión del estress de verse abandonados por sus dueños. Otros referían que tuvieron que contratar una empleada para que los acompañe. Lo curiosos era que , eran madres, algunas solas, que recibían su mascota como un regalo de sus hijos, para que les hagan compañía y ellas se veían obligadas a tomar otra persona para poder salir , más aún cuando todavía tenían que cumplir sus responsabilidades laborales. A mi simplemente me dejaron solo , desde los tres meses y me acostumbré.
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