domingo, 20 de junio de 2010

Leandro y el Cerro Bolongo

Leandro ha llegado a la casa de la profe, hermana de la doctora. Ella le propone leer los poemas de Vallejo. El acepta , pero previamente le cuenta su aventura en el cerro bolongo. Es para él algo muy especial los paseos que hace con sus hermanitos al cerro frente a su casa. Es como el Apu en la sierra, allí donde mora el espíritu de  los dioses que cuidan a los pobladores y a los cuales tienen que rendirle pleitesía. Debe haber escuchado a su padre contar las historias, contadas a su vez por sus abuelos sobre las viejas costumbres, como la del Coiyu rity, que es el gran peregrinaje que hacen los andinos a las cumbres de los nevados en donde moran los protectores de su vida y a los que van a pagarles , llevando coca, maiz, papas, y otros productos, año a año , para que les vaya bien en la siembra y cosecha del año venidero. Leandro le cuenta que los domingos van hacia la cumbre del cerro, les cuesta mucho poder vencer la empinada cuesta, pero allí está la gracia, subir hacia lo más alto , como un  reto. El tiene que ir adelante señalándoles el camino por el que deben pisar, ya que hay zonas en las que se pueden resbalar y llegar abajo muy magullados. Demoran una media hora en dicha travesía, algunos se cansan y piden que la columna pare mientras ellos descansan unos momentos para poder tomar un poco de agua y recobrar el aliento. Son cuatro los que se atreven ha realizar la caminata.  Ya en la cumbre, se siente la corriente de aire que viene del mar. Están cerca de Huanchaco , y desde la cima pueden sentir el rumor de las olas , el olor salino de sus aguas y cierta brisa húmeda , que los acaricia. Desde allí tienen una vista impresionante de la población tanto de la misma ciudad de trujillo, como de los poblados que está extendiéndose tanto al sur como al norte. Ven su casa y saludan a una imaginaria madre que las está mirando desde la puerta, temerosa de lo que les pueda pasar. Ella los despide dándoles recomendaciones de que estén juntos y responsabilizándolo a él de lo que pase con sus hermanos . Ellos escuchan y ríen ajenos al peligro. Luego de descansar un poco comienzan a investigar lo que hay por esos lugares. El terreno es accidentado y encuentran huecos que son nidos de culebras y ratones. Intrépidos meten palos y salen corriendo , temerosos de que alguno de esos habitantes salga a reclamarles, el haber osado perturbar su sueño o poner en peligro a sus crías. El dice, en su fantasía de niño haber visto grandes culebras que reposan al sol en las laderas y que han contemplado el mágico efecto de los rayos del sol sobre su piel que hace que salgan luces de todos colores. A veces han logrado recoger unos trozos de la piel dejada por una culebra luego de la muda que hacen cada cierto tiempo.
Lo que más les fascina es cuando cae la tarde y ven , por el oeste al sol caer como un enorme disco rojo, lleno de fuego, que se hunde en el mar dejando oscuro el universo, pero luego se puede contemplar a la luna que va asomando por el otro lado como un disco plateado que va saliendo de entre las nubes que la cubren como un manto de tela enorme en un gran teatro de la inmensidad del cielo. Los pájaros cantan un llamado a congregarse, y pasan presurosos buscando un monte o un árbol para cobijarse durante la noche. Al sur se ve la ciudad de trujillo como un monstruo de miles de ojos que los están viendo, que los observan desde lejos . Cuando no hay nubes pueden ver las estrellas en el firmamento. Es un espectáculo hermoso, ver luces arriba y abajo,  dice Leandro. Se sientan en una piedra grande y de allí contemplan ese hermoso espectáculo natural  que los hace sentirse pequeños, más aún de lo que son , y van descansando de las correrías hechas en ese lugar que se ha convertido para ellos en su mejor parque de diversiones a falta de otro cercano a su casa , con grandes jardines, llenos de flores, como los que suelen ver en la ciudad , en sus recorridos mientras venden sus caramelos y otras golosinas. No sabe decir cual es más intenso, más hermoso , si el que el ha logrado descubrir con sus hermanitos o el otro que tienen los niños de la gran ciudad, lo cierto es que sabe que es hora de regresar a su casa de esteras, en la que los espera la madre con algo de alimentos para paliar el hambre que les ha despertado la aventura del día festivo.

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