En homenaje a Hermilio Valdizán Medrano, se ha establecido el día 20 de noviembre como el día de la Psiquiatría Peruana. Es un justo homenaje a un personaje considerado el padre de la psiquiatría nacional y el autor de la primera gran revolución psiquiátrica entre nosotros. Fué Pinel, encargado por la Comuna Francesa, durante la gran Revolución de los años 1780, en Francia, el que estableció el llamado estatuto del enfermo Mental, al sacar a éstos de las cárceles y alojarlos en un centro que devino en lo que sería el hospital psiquiátrico. Desde esa época a la persona con problemas mentales se le atiende como a un paciente. En el Perú, en los años 1919, se abre el hospital Larco Herrera. Su primer director médico sería el gran maestro Hermilio Valdizán Medrano. El sacaría de éste centro a las monjas, que por entonces se hacían cargo de la atención de los pacientes, usando métodos cruentos , propios de la concepción religiosa que pedía castigar el cuerpo para liberar el alma.
El gran maestro tuvo un papel central en el desarrollo de la ciencia psiquiátrica e incentivó la prevención de estos temas escribiendo sus famosa cartas a los padres, en las que aconsejaba como tratar a los hijos en los hogares. Este maestro cumplió una gran labor educativa en la sociedad desempeñándose como periodista y gran conferencista, y profesor universitario. Tal labor la siguieron otros grandes maestros como Honorio Delgado, que llegó a ser Ministro de Educación propugnando la formación integral del alumno. Otros como Humberto Rotondo y Javier Mariátegui , desarrollaron cátedras de psicopatología y en especial investigaciones sociales que abrieron el camino a los posteriores campos de la educación en salud mental.
Estos ilustres psiquiátras la clínica, como la terapia y la investigación social propugnando la prevención y formación integral del individuo.
El tiempo les daría la razón, cuando en los años 1990, la OMS convoca a la reunión de Caracas para evaluar la realidad de la salud mental en latinoamérica y el Caribe, llegando a establecer que se estaba ante una grave epidemia en salud mental en los albores del siglo XXI. Ya Rotondo y Mariátegui lo preveyeron y propusieron un Plan Nacional de Salud Mental en los años 68. Luego de los estudios de Mendosita en los que se demostró que la incidencia de este problema llegaba al 18 %, cuando en el mundo era del 12%. En nuestro país eramos tan solo 10 millones de personas en los 80. De esa fecha , al 2001, en que la OMS presenta su informe sobre la realidad de la salud mental en el mundo, el tema se había triplicado, llegando en la actualidad a la cifra de 36%. Por la globalización ésta cifra se da en todo el mundo.
Han pasado 20 años, se ha planteado una reorientación en el trabajo psiquiátrico, dirigido al paradigma comunitario que supere al ya viejo nosocomial. El primer documento firmado, con éste afán ha sido la llamada La Carta de Caracas que constituye toda una gran revolución en la salud mental.
Lo que ha llamado la atención es que en el HVLH, el día 10 de noviembre se iba a realizar un taller sobre la reforma de la atención psiquiátrica en el país, concurrirían colegas de diversos hospitales y de la OPS. En dicha oportunidad se informaría sobre los acuerdos de la reunión de Panamá, de los días 8,9, 10 de octubre en la que se habían discutido las 5 estrategias sobre la salud mental que se aplicarán en los siguientes 10 años en todos los países de este continente. Este evento de suma importancia se suspendió. Corren rumores de que ello se debería a que hay colegas que se oponen a dicha reforma, por temor a que se proponga el cierre del hospital. Esta es una actitud que se viene repitiendo desde los 90, en que se ocultaron los documentos de la OPS en el hospital y se desarrolló una propuesta privatista, ignorando la carta de caracas ya vigente.
Hoy se repite la oposición que carece de fundamento, y es un simple afán de dominio de las camas hospitalarias y manejo del hospital por un grupo de profesionales opuestos a los cambios de los tiempos. La verdad es que la Carta de Caracas y la misma reforma no propone cerrar el hospital, si no desarrollar toda una red de salud mental comunitaria. Lo lamentable es que este grupo no está preparado para la prevención y la promoción, como si lo estuvieron los grandes maestros fundadores . Estos colegas gustan de la tarea puramente asistencial y recetar medicinas sin ir más allá de los muros del hospital.
Son hechos cuestionables que la historia juzgará seriamente por cuanto , por un lado el mismo gobierno no hace nada por la salud mental y el problema se hace cada vez más grave en las ciudades con un elevado costo social. Queda a la sociedad civil dar respuesta a este tema que es el más grave de la época.
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