viernes, 8 de junio de 2012

Soy un perrito Pug, 19. De vuelta a casa

El viaje a trujillo ha marcado mi vida de cachorro. Estar en una casa con tanta gente, tanto mimo, en medio de edades diversas, con sus inquietudes, es algo realmente interesante para alguien de apenas 3 meses. Tenía que satisfacer a todos. Cada uno me proponía algo diferente, por sus propias maneras de llevar la vida , de acuerdo a su edad. Los jovenes eran los más exigentes, porque me enseñaban cosas nuevas, los escuchaba hablar temas que  no entendía de sus estudios profesionales y aspectos sociales que ellos tenían que manejar. Me pedían que haga cosas que no podía a mi edad. Eran muy observadores tratando de ver hasta donde llegaba mis posibilidades de relación con ellos, que les podía mostrar que a ellos los sorprenda. Recibía grandes gratificaciones, me decían que era muy inteligente, que solo me faltaba hablar, que era casi humano, y ellas me halagaban diciendo que era hermoso. Los menores me hacían correr, jugábamos con mis juguetes, se las ponía , las sogas , en sus manos y los hacía que le jalen para hacer fuerzas, los correteaba por el patio. Con los mayores , me cargaban, cosa que  no me gusta mucho, me apachurraban, cosa que no acepto, me siento invadido en mi espacio personal, me hablaban con mucho cariño y les gustaba que las bese, que les corresponda . Todo ello, y algo más , en especial de personas como la tía paty, que era la más expresiva, me tiraba al suelo para jugar, me trataba como a un hijo y me hablaba como tal.
   En Lima, volví al departamento, dejando una enorme casa, con múltiples espacios para correr y estar. Acá solo estábamos cuatro, y después solo tres. Por las mañanas me quedaba solo. Esa fue una experiencia nueva. Primero , comencé quedándome con el hermano menor. Claro el estaba en lo suyo. Yo iba y venía con mis juguetes, tratando de distraerme. Cuando él se fue , me quedé totalmente solo por las mañanas. Inicialmente me dejaban con la televisión prendida. Era algo poco adecuado, porque escuchaba ruidos raros, veían cosas que no comprendía y me asustaba. Me iba al cuarto y allí permanecía hasta las 2 a 3 de la tarde que llegaba el papá. Luego me apagaron la televisión por temor a que pueda pasar algo, como quemarse . La casa estaba en silencio y yo trataba de distraerme con mis juguetes. Lo cierto es que, como los perros pasamos la noche casi despiertos, porque vigilamos, aun cuando nadie nos manda hacerlo, tenemos que descansar por la mañana. Yo aprovechaba para descansar. Me dormía varias horas. Lo que sucedío es que , al cumplir 5 meses comencé a ladrar y me volví un vigilante voluntario , en especial por las noches, y también en el día. Nuestro sueño es ligero y cualquier ruido me despertaba y salía a ladrar por la ventana . Así pasaba la mañana, durmiendo un rato y ladrando otro.
     Por las mañanas nos levantábamos temprano. Los veía hacer siempre lo mismo y me di cuenta de que se preparaban para salir a la calle. Señal de que me iba a quedar solo. Se bañan, se cambian de ropa, hacen su desayuno, lo toman mientras escuchan noticias, y ya viene la partida. Los primeros días me angustiaba. Ellos salían de uno en uno. Primero el papá. Me miraba, me decía ya me voy a trabajar, pronto regreso y se iba. Ella, la mamá, salía una hora después. Me daba unas galletas y se despedía. Me comía las galletas , que se me atragantaban en la  garganta, y me ponía a dar vueltas por las habitaciones, sin saber que hacer. Luego me cansaba y me dormía y comenzaba mi rutina de ladrar , ver quien pasa y volver a plantar el pico. Ya me acostumbré a ésta realidad y solo espero el sábado que la mamá no trabaja y los domingos que vienen todos los de lima y la pasamos más alegres , con bullicio y paseo al parque .

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